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From Lugares Comunes |
Antes del final del
invierno, por San Blas, las cigüeñas ocupan los campanarios de las iglesias y
catedrales, las copas de los árboles altos y, de manera espectacular e invasiva,
las torres de alta tensión, en los valles.
Reacondicionan sus nidos,
con nuevos aportes de ramas, hasta dejarlos consistentes y protectores y
comienzan el apareamiento y la cría.
El crotoreo resuena
constante y rompe el silencio de los pueblos, en las mañanas frescas y en
los atardeceres rojizos.
Cuando los labradores
abren con su arado el campo en primavera, acuden en busca de comida,
acompañándolos en su tarea. No recelan de la compañía humana de los labradores…
En las zonas húmedas, de
pastizales o humedales, o en las aguas remansadas de los ríos, picotean sin
descanso en busca de insectos, peces o pequeños reptiles, caminando con la
lánguida elegancia de dama decadente.
Componen una de las más bellas estampas de la
primavera.
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A medida que avanza el
verano, cumplido ya el deber reproductor, comienzan a verse los nidos
silenciosos y vacíos. Algunas se resisten a abandonarnos e incluso picotean en
los campos amarillentos de rastrojo. Pero, inexorablemente, en Agosto, los
campanarios se despueblan….
Del mismo modo que no
todos los humanos no se resignan a los dictados del destino, en este verano, esta
pareja se negaba a abandonarnos y las puede admirar todos los días en un prado
en Villadepalos, entre los inclementes rayos del sol y la sombra de los chopos….Pensaba “nos negamos
a que acabe el verano y nos resistimos a la ya próxima rutina, de la ciudad yo,
y de las tierras más áridas ellas…”
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En los últimos días de
agosto, de visita a Zamora, contemplaba el estallido rojo en las delgadas y
negras nubes de un hermoso atardecer, desde el Castillo, mientras veía como el Cid perseguía con rabia y dolor a los que
habían dado muerte a su amigo del alma y rey, una bandada enorme de cigüeñas,
con majestuoso vuelo, regresaban del Duero a la ciudad y se aposentaron en sus
nidos, ocupando totalmente las torres de las iglesias de la vieja ciudad y su
hermosísima catedral.
La imagen me pareció de
una serena belleza que ya no podía esperar como regalo de un atardecer de
finales del verano.
No eran dos las que no se
resignaban a su destino. Eran una colonia entera.
¿Resistirán todas el
crudo invierno de las tierras llanuras zamoranas?¿Las cigüeñas zamoranas han
bebido del espíritu austero y resistente ante la adversidad de la gente de la planicie
central española? ¿Los pobladores de la dura estepa resistirán más que los del
fértil valle del Bierzo?